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martes, 5 de abril de 2011

Vino primero pura,
vestida de inocencia;
y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;
y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros...
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

...Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda...
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

(este poema está tomado de Eternidades, 1917)


¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
...Que mi palabra sea
la cosa misma
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,çy suyo, y mío, de las cosas!

(poema tomado de Eternidades, 1917)



[51]

Canción, tú eres vida mía,
y vivirás, vivirás;
y las bocas que te canten,
cantarán eternidad.

[65]

¡Voz mía, canta, canta;
que mientras haya algo
que no hayas dicho tú,
tú nada has dicho!.

[¡AMOR!]

Todas las rosas son la misma rosa,
¡amor!, la única rosa;
y todo queda contenido en ella,
breve imajen del mundo,
¡amor!, la única rosa.

(Estas tres canciones están tomadas de Poesía, 1917-1923)

Boda de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí

Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
y tú has venido a él, a mí seguro,
porque mi mundo todo era mi esperanza.

Yo he acumulado mi esperanza
en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
a todo yo le había puesto nombre
y tú has tomado el puesto
de toda esa nombradía.

Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,
como la llama se detiene en ascua roja
con resplandor de aire inflamado azul,
en el ascua de mi perpetuo estar y ser;
ahora yo soy ya mi mar paralizado,
el mar que yo decía, mas no duro,
paralizado en olas de conciencia en luz
y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.

Todos los nombres que yo puse
al universo que por ti me recreaba yo,
se me están convirtiendo en uno y en un
dios.

El dios que es siempre al fin,
el dios creado y recreado y recreado
por gracia y sin esfuerzo.
El Dios. El nombre conseguido de los nombres.

(poema tomado de Dios deseado y deseante, 1949)

miércoles, 30 de marzo de 2011

Algunos poemas surrealistas

Empezamos con el padre del Surrealismo, André Breton. Si os fijáis, las relaciones que se establecen en estos poemas son arbitrarias y no obedecen a un orden lógico. Como vimos, es precisamente de esa oposición a la lógica de donde extraen su gran fuerza evocadora y visual:

Mundo en un beso
El músico con baquetas de avellano cosidas en las mangas
Apacigua a un enjambre de jóvenes monos-leones
Que descendieron con gran estrépito de la cornisa
Todo se vuelve opaco veo pasar la carroza de la noche
Arrastrada por los ajolotes de zapatos azules
Que penetra resplandeciente por la violencia que conduce a la tumba
Pavimentada de párpados con sus pestañas
La ley del talión utiliza un pueblo de estrellas
Y tú te matizas para mí de un negro rocío
Mientras los horribles bornes mentales
Se hienden en el sentido de la longitud
Dando paso a unos penachos
Que miran al lago próximo
Los barrotes del espectáculo están maravillosamente retorcidos
Un largo huso de aire atestigua sólo la huida del hombre
De madrugada entre la ilustre alfalfa
La hora
Sólo es lo que hacen sonar las piezas de oro de la bohemia
En las aspas de coriaria
Una amazona de pie sobre un caballo tordo anaranjado al galope
Desde lejos los brazos están siempre en extensi6n lateral
El rombo polvoriento del forro me recuerda
La tienda decorada de bisontes azules
Por los indios de la almohada
Afuera el aire se prueba los guantes de muérdago
Sobre un mostrador de agua pura
Mundo en un beso limpio
Para mí las escamas
Las escamas de la gran tortuga celeste con vientre de hidrófilo
Que se debate cada noche en el amor
Con la gran tortuga negra la gigantesca escolopendra de raíces

«Mundo en un beso»
Versión de Manuel Álvarez Ortega
Fuente: A media voz


Junto a mí, el dios-perro, y su lengua
atravesando como una flecha la costra
del doble cráneo abovedado
de la tierra que lo escuece.
He aquí el triángulo de agua
caminando con su paso de chinche,
pero que bajo la chinche ardiente
se da vuelta como un cuchillo.
Bajo los senos de la tierra odiosa
la perra-dios se ha retirado,
senos de tierra y de agua helada
que hacen pudrir su lengua hueca.
He aquí la virgen-del-martillo,
para moler los sótanos de tierra
cuyo horrible nivel el cráneo
del perro estelar siente subir.

 
«Junto a mí, el dios-perro»
Antonin Artaud
Traducción: Miguel Frontán
.
Todos los intermedios pudresienes de espera de esqueleto de lluvia sin persona
cuando no neutros lapsus micropulpos engendros del sotedio
pueden antes que cóncavos ausentes en seminal yacencia
ser otros flujos ácidos del diurno sueño insomne
otros sorbos de páramo
tan viles vivas bilis de nonadas carcomas diametrales
aunque el sabor no cambie
y Ofelia pura costa sea un pescado reflejo de rocío de esclerosada túnica sin lastre
un fósil loto amóvil entre remansos muslos puros juncos de espasmo
un maxilar de luna sobre un canto rodado
tierno espectro fluctuante del novilunio arcaico dromedario
lejos ya de su neuro dubitabundo exnovio psiquisauce
aunque el sabor no cambie
y cualquier lacio cuajo invista nuevos huecos ante los ídem lodos expartos bostezantes
peste con veste huéspedes del macrobarro grávido de muerte
y hueros logros de horas lagrimales
aunque el sabor no cambie
y el menos yo del uno en el total por nada
beato saldo de excoito amodorrado malentetando el asco
explore los estratos de su ámbito si sino
cada vez menos cráter
aunque el sabor no cambie
cada vez más burbúja de algánima no náyade
más amplio menos tránsfuga
tras sus estancas sienes de mercurio
o en las finales radas de lo obsceno de marismas de pelvis bajo el agua
con su no llanto arena y sus mínimas muertes navegables
aunque el sabor no cambie
y sólo erecto espeso mascaduda insaciado en progresiva resta
ante el incierto ubicuo muy quizás equis deífico se malciña la angustia interrogante
aunque el sabor no cambie.

 .
Oliverio Girondo
Fuente: Poemas del alma 
 .
 .
En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.
Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.
Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

Alejandra Pizarnik, «Ojos primitivos», en El infierno musical (1971)


miércoles, 16 de marzo de 2011

Ahí, detrás de la risa,
ya no se te conoce.
Vas y vienes, resbalas
por un mundo de valses
helados, cuesta abajo;
y al pasar, los caprichos,
los prontos te arrebatan
besos sin vocación,
a ti, la momentánea
cautiva de lo fácil.
«¡Qué alegre!», dicen todos.
Y es que entonces estás
queriendo ser tú otra,
pareciéndote tanto
a ti misma, que tengo
miedo a perderte, así.

Te sigo. Espero. Sé
que cuando no te miren
túneles ni luceros,
cuando se crea el mundo
que ya sabe quién eres
y diga: «Sí, ya sé»,
tú te desatarás,
con los brazos en alto,
por detrás de tu pelo,
la lazada, mirándome.
Sin ruido de cristal
se caerá por el suelo,
ingrávida careta
inútil ya, la risa.
Y al verte en el amor
que yo te tiendo siempre
como un espejo ardiendo,
tú reconocerás
un rostro serio, grave,
una desconocida
alta, pálida y triste,
que es mi amada. Y me quiere
por detrás de la risa.

Pedro Salinas, en La voz a ti debida

martes, 15 de marzo de 2011

El próximo tema que vamos a ver en Literatura es el de la Generación del 27. Os voy a ir colgando una selección de poemas de los autores más representativos y los veremos y analizaremos en clase. Para ir abriendo boca, os dejo con un poema de Luis Cernuda titulado «Si el hombre pudiera decir»

SI EL hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar a la verdad erguida en medio,
   Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.


Luis Cernuda, «Si el hombre pudiera decir», en Los placeres prohibidos (1931)

domingo, 6 de marzo de 2011

En voz alta

Para los que queráis prepararos algún poema y presentarlo en el aula, os dejo una página en la que podéis encontrar varios textos buscando por el nombre del autor. Recordad que, en este caso, los textos deben pertenecer al Modernismo... Aquí la página (la añado también a nuestras Páginas que nos interesan...)

Debéis tener en cuenta que leer un poema no es lo mismo que leer prosa o el periódico, que una de las características fundamentales de la poesía es el ritmo y que ese ritmo nos viene dado por el especial uso que el autor hace de: estrofas, versos, rimas, pausas, recursos fónicos, etc.

Os dejo un vídeo en el que un actor, José Sacristán, recita un poema de Miguel Hernández (al que todavía no hemos visto, pero veremos):



miércoles, 23 de febrero de 2011

 
El sentido de la vida y la religión (lo trascendente) son temas esenciales en la obra de Miguel de Unamuno. Veamos algunos ejemplos en su poesía:

En el fondo las risas de mis hijos;
yo sentado al amor de la camilla;
Heródoto me ofrece rica cilla
del etrno saber y entre acertijos

de la Pitia venal, cuentos prolijos,
realce de la eterna maravilla
de nuestro sino. Frente a mí, en su silla,
ella cose y teniendo un rato fijos

mis ojos de sus ojos en la gloria
digiero los secretos de la historia,
y en la paz santa que mi casa cierra,

al tanquilo compás de un quieto aliento,
ara en mí, como un manso buey la tierra,
el dulce silencioso pensamiento


Miguel de Unamuno, «Dulce silencioso pensamiento», en Rosario de sonetos líricos (1911)

Cristo crucificado, de Diego Velázquez

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vívifico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta tonda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno.
   Que eres, Cristo, el único
Hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el camparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por Ti, el hombre muerto que no muere,
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida, y es la muerte vela.
[...]
Fragmento de «El Cristo de Velázquez» (1920)

Un fragmento de la suite Iberia, de Isaac Albéniz, interpretada por Alicia de Larrocha:

martes, 22 de febrero de 2011

Hoy hace 72 años que murió don Antonio Machado en Collioure (Francia) tras un penoso viaje hacia el exilio que lo terminó de agotar física, psíquica y espiritualmente. Tres días después murió su madre, doña Ana Ruiz.
     José Machado encontró en el bolsillo de la chaqueta de su hermano Antonio su último poema: «Estos días azules y este sol de la infancia». El poema que os incluyo en esta entrada no entra en el examen. Pensad sólo en la muerte de su esposa, Leonor, y en el sentimiento de Machado...

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
  Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

Os dejo varias estrofas de dos poemas de Antonio Machado. Teniendo en cuenta las características tanto del Modernismo como de la Generación del 98 que hemos visto, ¿a qué movimiento adscribiríais cada uno de ellos? Debéis tener en cuenta tanto el tema como la forma (¿qué verso utiliza? ¿Por qué?). Fijaos en la ambientación y los elementos que el poeta utiliza.

Las primeras corresponden a la primera parte (de las tres que lo forman) de un poema titulado  «Tarde» y fue publicado en 1907, en Soledades, galerías y otros poemas:

I

Fue una tarde clara, triste y soñolienta,
del lento verano. La hiedra asomaba
al muro del parque, negra y polvorienta...
Lejana una fuente riente sonaba.


Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruido abriose la puerta
de hierro mohoso y al cerrarse, grave
sonó en el silencio de la tarde muerta.


En el solitario parque, la sonora
copla borbollane del agua cantora,
me guió a la fuente, que alegre vertía
sobre el blanco mármol su monotonía.
[...]





Las siguientes estrofas pertenecen a un poema titulado «La tierra de Alvargonzález», está dedicado al poeta Juan Ramón Jiménez y fue publicado en el poemario Campos de Castilla (1912):


I


Siendo mozo Alvargonzález,
dueño de mediana hacienda,
que en otras tierras se dice
bienestar y aquí, opulencia,
en la feria de Berlanga
prendose de una doncella,
y la tomó por mujer
al año de conocerla.
Muy ricas las bodas fueron,
y quien las vio las recuerda;
sonadas las tornabodas
que hizo Alvar en su aldea;
hubo gaitas, tamboriles,
flauta, bandurria y vihuela,
fuegos a la valenciana
y danza a la aragonesa.

II


Feliz vivió Alvargonzález
en el amor de su tierra.
Naciéronle tres varones,
que en el campo son riqueza,
y, ya crecidos, los puso,
uno a cultivar la huerta,
otro a cuidar los merinos
y dio el menor a la Iglesia.


III


Mucha sangre de Caín
tiene la gente labriega,
y en el hogar campesino
armó la envidia pelea.
   Casáronse los mayores;
tuvo Alvargonzález nueras,
que le trajeron cizaña,
antes que nietos le dieran.


   La codicia de los campos
ve tras la muerte la herencia;
no goza de lo que tiene
por ansia de lo que espera.
   El menor, que a los latines
prefería las doncellas
hermosas y no gustaba
de vestir por la cabeza,
colgó la sotana un día
y partió a lejanas tierras.
Laq madre lloró; y el padre
diole bendición y herencia.
[...]




Antonio Machado el día de su boda con Leonor Izuierdo

martes, 8 de febrero de 2011

Soneto de amor

Canst thou, o cruel, say I love thee not,
when I against myself with thee partake?
Do I not think on thee, when I forgot
am of myself, all tyrant, for thy sake?


Who hateh thee that I do call my friend?
On whom frown'st thou that I do fawn upon?
Nay, if thou lour'st on me, do I not spend
revenge upon myself with present moan?


What merit do I in myself respect
that is so proud thy service to despise,
when all my best doth worship thy defect,
commanded by the motion of thine eyes?


But, love, hate on, for now I know thy mind:
those that can see thou lov'st, and I am blind.


¿Podrás decir, cruel, que no te quiero, cuando
en contra de mí mismo lucho de tu parte?
¿Que yo no pienso en ti, cuando olvidado ando
de mí mismo, tirana, por agasajarte?

¿Quién hay que te aborrezca a quien yo llame amigo?
¿A quién el ceño frunces tú que yo haga halago?
Qué, si conmigo te enfurruñas tú, ¿no pago
pena al contado yo ensañándome contigo?

¿Qué virtudes en mí estimo yo tan altas
que se desdeñen de servir a tus antojos,
si toda mi virtud está a adorar tus faltas,
atenta a cada parpadeo de tus ojos?

Pero odia, amor, que ahora sé tu juego:
tú amas a los que pueden ver, y yo soy ciego.

William Shakespeare, Sonetos de amor (edición y traducción de Agustín García Calvo), Barcelona, Anagrama, 2002 (sexta edición)

viernes, 4 de febrero de 2011

Bienvenidos

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre solo una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo, «Palabras para Julia», en Palabras para Julia y otras canciones (1979-1994), aunque yo lo he tomado de Poesía (antología de José Agustín Goytisolo, edición de Carme Riera), Madrid, Cátedra (colección Letras Hispánicas), Madrid, 1999